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Chris Ealham: “En el verano del 36 en Barcelona hubo una revolución de las bases de la CNT, no de sus líderes”

Chris Ealham: “En el verano del 36 en Barcelona hubo una revolución de las bases de la CNT, no de sus líderes”


Convertida ya en una obra de referencia sobre el anarquismo y, especialmente, el anarcosindicalismo en Barcelona durante la primera parte del siglo XX, la editorial Virus ha publicado recientemente La lluita per Barcelona. Classe, cultura i conflicte (1898-1937) , la traducción al catalán del libro del historiador e hispanista Chris Ealham (1965) que hace 17 años llegó a la calle de la mano de Alianza Editorial. Ealham es uno de los historiadores contemporáneos que más ha escrito sobre el anarquismo en el Estado español y atiende a Público por videollamada. Durante la entrevista, desgrana las razones que convirtieron a Barcelona en la capital europea del anarcosindicalismo, habla de la fuerza que consiguió la CNT -la Confederación Nacional del Trabajo-, analiza la revolución que se vivió en la ciudad en verano de 1936 tras frenar el golpe de estado fascista y detalla el legado que ha dejado el movimiento.

¿Qué características confluyen en Barcelona para que durante el último tercio del siglo XIX y hasta la llegada de la dictadura franquista sea la capital del mayor y más duradero movimiento anarquista de Europa?

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“Sin duda existía una cultura anarquista previa en Catalunya, una cultura antiestatal”

Más que anarquista, hablaría de movimiento anarcosindicalista, que es el que tiene ese poder de movilización en la ciudad de Barcelona y en los municipios vecinos. Antes del nacimiento del movimiento anarcosindicalista, el anarquismo estaba bastante en un gueto. Sin duda existía una cultura anarquista previa en Catalunya, una cultura antiestatal, que tiene bastante historia, y luego el anarcosindicalismo es lo que da más vida a esa tradición de lucha contra el estado, porque capta la imaginación y la necesidad de cientos de miles de obreros catalanes para luchar por una vida más digna. En la industria catalana las condiciones sociales eran terribles.

A finales del siglo XIX Barcelona vive una transformación acelerada, con el derribo de las murallas medievales, la construcción del Eixample, la absorción de antiguos municipios cercanos y un enorme crecimiento demográfico. Cuenta que una cierta corriente burguesa de la época defendía que con el urbanismo se anularía el conflicto social, pero entiendo que las pésimas condiciones de vida de los obreros hacían, precisamente, inevitable este conflicto.

La parte más ilustrada de la élite catalana buscaba disminuir los conflictos sociales a través del urbanismo en el siglo XIX y lo intentó también durante la II República con el Plan Macià, para vaciar o limpiar el Raval, algo que en muchos aspectos no se conseguirá hasta los Juegos Olímpicos [del 1992]. En el siglo XIX, en muchos aspectos el Plan Cerdà con el Eixample no arranca bien, porque si miramos la Barcelona del año 1930, décadas después, el Eixample tenía muchísimos huecos y el plan original no se había seguido, era un plan más utópico, pero la especulación había producido una ciudad más irregular y desigual.

Justamente una de las ideas del Plan Cerdà era crear barrios interclasistas, pero rápidamente nos encontramos con una segregación espacial de la ciudad, con barrios en los que se concentra la clase alta y barrios proletarios. Esto comporta la coexistencia de varias ciudades radicalmente distintas a la vez y, también, facilita la organización de unos obreros que comparten barrios y calles, ¿no?

“Siempre hay barrios mezclados socialmente. En Barcelona tenemos el ejemplo de Gràcia”

Sí. En ninguna ciudad se puede argumentar que hay una segregación espacial de clases absoluta, siempre hay barrios mezclados socialmente. En Barcelona tenemos el ejemplo de Gràcia. Pero lo que se ve por ejemplo en 1931 cuando hay conflictos es que hay barrios completamente movilizados que se convierten casi en pequeñas repúblicas obreras dentro de la ciudad. En estos barrios hay un gran rechazo a la policía, que tiene muy complicado entrar en ellos. Además, existe la tradición local de las barricadas, que forma parte de la cultura de protesta de la gente de Barcelona. Pese a que las autoridades, como ahora, siempre vinculan las movilizaciones a una “panda de agitadores”, yo he encontrado luchas comunitarias sin que aparentemente haya agitadores detrás. Como se ve en otros momentos como en la Semana Trágica [de 1909], en los barrios barceloneses hay una tradición de lucha autónoma, con barricadas en las calles, que viene de antes del anarcosindicalismo. Hay una tradición de protesta violenta, que no tiene nada que ver con militantes. Esta cultura de protesta es algo que se activa muy rápidamente y si hay militantes claro que se puede movilizar a partir de ese chip que la gente ya tiene en la cabeza.

Si hay una organización obrera importante en esos momentos es la CNT, que en el primer tercio del siglo XX llegó a los 700.000 afiliados y tuvo como uno de sus momentos culminantes la huelga de la Canadiense de 1919. Con todo, sus logros van acompañados de una contrarreacción del poder y de una fuerte represión.

“Se crean escuelas nocturnas para los obreros porque saben que sin cultura es más complicado montar una rebelión contra el mundo existente”

Era muy difícil para la élite vivir con un sindicato tan combativo como la CNT. La CNT tenía un proyecto para construir un sindicalismo comunitario, eso lo vemos antes de la Canadiense, que es un momento clave en la historia de la guerra social en Barcelona. Antes en el famoso congreso de Sants [1918], la CNT da un salto organizativo. Consciente del bestial crecimiento de la ciudad durante la I Guerra Mundial, intenta reestructurar los sindicatos y también reorganizar a la propia CNT en los barrios, dentro de las fábricas y también fuera, en las comunidades obreras para crear lo que llamo en el libro una esfera público – proletaria, que existe no sólo en sindicatos, también cuenta con un aparato cultural, prensa, editoriales, escuelas que no sólo son para los niños del barrio, también crean escuelas nocturnas para los obreros porque saben que sin cultura es más complicado montar una rebelión contra el mundo existente. Crea una infraestructura muy amplia. La CNT operaba en muchas esferas dentro de la guerra social, pero también dentro de la cultura catalana de la época.

El final de la monarquía y de la dictadura llegan a raíz de los resultados de los partidos republicanos en las elecciones municipales de 1931, pero también después de un ciclo de protestas sociales muy importante. ¿Qué papel tiene la CNT y el anarcosindicalismo en general en la llegada de la República?

La verdad es que en los años 30 y 31 había vínculos entre los anarquistas y los republicanos y algunos de los anarquistas radicales que critican a los supuestamente moderados también estaban haciendo propaganda republicana. Cuando llega la República, los radicales tienen otro proyecto, igual que los menos radicales, y la CNT está en la calle luchando para la amnistía para sus militantes. Desde abril de 1930 la CNT puede organizar mítines en Barcelona y está luchando en espacios legales para reconstruir su sindicato. Poco a poco se ve como su fuerza se está recuperando y cuando llega la República explota ese poder cenetista en Barcelona.

La llegada de la República supone un momento de esperanza para los obreros, que aspiraban a ganar derechos sociales, mejorar sus condiciones de vida y a que hubiera un cambio radical de un modelo de orden público basado en la represión. En pocos meses ya hay una gran decepción y el mismo verano de 1931 encontramos enormes movilizaciones. ¿Cómo se explica?

“Los republicanos tenían miedo de la lealtad de algunos cuerpos policiales y crean un nuevo cuerpo: la Guardia de Asalto”

El discurso reformista de los republicanos abrió una caja de Pandora, porque generó expectativas, en parte desorbitadas. Pero desde el siglo XIX, dentro del discurso republicano siempre hubo como un juego entre la justicia y el orden. He visto citas en periódicos republicanos antes de la República hablando de la importancia del orden y en 1931, la mayoría de los republicanos quieren parar el tren y cada vez más hablan de una “república de orden”. Y esto se amplía con nuevas leyes draconianas, como la Ley de Defensa de la República, o con nuevos cuerpos policiales. Los republicanos tenían miedo de la lealtad de algunos cuerpos policiales y crean un nuevo cuerpo, la Guardia de Asalto, en muchos casos reclutado entre [militantes] republicanos y socialistas. Sus formadores no dejan de ser militares, así que el modelo es como la Guardia Civil. Los republicanos no rompen ese vínculo entre los militares y las prácticas policiales.

Pero creo que lo más importante en el desengaño de muchos obreros barceloneses con la república es la continuidad de los comités de arbitraje industriales. En la dictadura de Primo de Rivera existían los comités paritarios y Largo Caballero, que se convierte en ministro de Trabajo, crea los jurados mixtos [teóricamente se encargaban de arbitrar las condiciones de contratación y vigilar el cumplimiento de la normativa laboral], que comportan que las prácticas sindicales de la CNT estén fuera de la ley. Estamos hablando de junio de 1931. Hay muchos historiadores que dicen que de repente la FAI, los anarquistas radicales, deciden que hay que destruir la republica por un tema ideológico, pero no es el caso. El conflicto viene de la acera industrial y hay citas que comento en el libro de militantes que dicen que no pueden actuar en la empresa, porque todo tiene que pasar a través del juzgado mixto, un aparato semiestatal, y va en contra de las prácticas de la CNT y también de la cultura obrera dominante en Barcelona, que es lo mismo.

La tensión entre la República y el anarcosindicalismo irá en aumento, pero también crece la tensión dentro de la CNT, entre los moderados o pragmáticos y los radicales. Durante un tiempo estos se imponen y lideran el llamado ciclo insurreccional de los años 32 y 33, pero expone que fracasa porque no tiene un proyecto de transformación detrás.

Para la CNT esas insurrecciones conllevaron las pérdidas de muchos militantes y una escisión. Siempre había voces para evitarla, pero a la vez había casi una guerra interna entre unos 100 o 200 militantes, que llegan a las manos en algunos casos. En mi opinión, las insurrecciones no estaban muy bien montadas. Un ejemplo, en enero del 1933 a García Oliver, que es el hombre clave de esa insurrección, la policía lo detiene en un taxi con algunos militantes. La seguridad de los insurrectos no estaba bien pensada. En diciembre de 1933, un militante de l’Hospitalet, José Peirats, salió a la calle con su grupo y se dio cuenta de que habían cambiado la contraseña para identificar a los insurrectos y casi murieron por fuego amigo. Hay un descontrol, no son insurrecciones muy pensadas y al final atraen a un pequeño núcleo dentro del movimiento, pero la mayoría de los afiliados se quedan en casa. Son movimientos minoritarios de alto riesgo, los militantes con hijos, con mujeres, no quieren arriesgar.

En 1936, después del gobierno de derechas de la CEDA, hay otro cambio táctico y la CNT apoya tácitamente al Frente Popular y en julio sus militantes tienen un papel protagonista en la derrota del levantamiento militar en las calles de Barcelona. Se entra en un “momento revolucionario”, con control de las calles y cambios a muchos niveles. ¿En esas semanas de verano del 36, la CNT-FAI se convierte en el gran poder en Barcelona y en Catalunya?

“Cuando hay el golpe militar de julio del 36 la CNT es la fuerza mayoritaria en la ciudad de Barcelona”

Sí y no. Cuando hay el golpe militar de julio del 36 la CNT es la fuerza mayoritaria en la ciudad de Barcelona y con las pocas armas que tienen sus militantes es un factor decisivo en la lucha callejera y va consiguiendo más y más armas. La respuesta callejera para reprimir el golpe militar es mucho más amplia que durante el ciclo insurreccional, consigue un apoyo masivo. Siempre dicen que el 19 de julio es el día de la revolución española o barcelonesa, pero justo después hay tres reuniones importantes de lo que podemos llamar los comités superiores de la CNT, sus líderes, en las que apostaron por el frentepopulismo, por un pacto antifascista con Companys y la clase política republicana en Catalunya. Esto no sale de la nada, en febrero del 1936 no hubo una huelga electoral, que si se dio en noviembre del 1933, y los cenetistas de base sí que votaron, -como en las elecciones de abril del 31. En mi opinión, el frentepopulismo de la CNT viene de antes de la rebelión, la gente habla de un corto verano de la anarquía, pero también se puede hablar de una larga primavera del frentepopulismo de la cúpula de la CNT y hubo muchos radicales en contra de este frentepopulismo.

Cuando llegamos al 19 de julio, al final creo que lo que tenemos es una revolución de la base, pero no de la CNT. En ningún momento la CNT aconseja a sus militantes hacer la revolución, los militantes la hacen por su cuenta propia y al hacerla crean un problema para sus comités superiores, que están pactando con ERC… Se habla mucho del 19 de julio, pero luego hay fechas más revolucionarias, como el día 21, porque con la lucha callejera terminada, los comités revolucionarios de barrio, que son los auténticos instrumentos de la revolución, organizaron la ocupación de los barrios de las elites, las propiedades de la Iglesia, oficinas de empresas, hoteles… Hay una revolución espacial o urbana a partir del 21 de julio; las barricadas del 19 se convierten en un instrumento para transformar la ciudad. Pero eso es una revolución de base, con mucha intervención popular, mientras los líderes cenetistas están en otra parte, no en las calles organizando la revolución.

¿A la CNT le faltaba proyecto de institucionalidad revolucionario? ¿Se puede decir que era una organización poco preparada para ejercer un poder real y permanente?

“Desde el 27 de julio los obreros estaban controlando muchas empresas a través de los comités”

Por lo que veo, los líderes cenetistas lo confiaban todo al pacto antifascista, es como si pensaran que sería posible congelar o mantener las victorias de la revolución de julio dentro del gobierno de la Generalitat y del gobierno central, pero no era así. Lógicamente sus enemigos y la clase media están en contra de la revolución obrera. Desde el 27 de julio los obreros estaban controlando muchas empresas a través de los comités y esto es un problema gordo para los partidos integrantes del pacto antifascista, que trabajan para cambiar la situación. Al final llegaremos al conflicto del mayo del 37, que es un conflicto anunciado, iba a pasar. Los militantes de base estaban preparados para afrontarlo, pero los líderes superiores no estuvieron a la altura. Llegaron Frederica Montseny y García Oliver a Barcelona para negociar una tregua y desmontar las barricadas cuando la CNT, con los comités revolucionarios y las milicias obreras, por última vez controla Barcelona.

Este período revolucionario dura pocos meses, pero en el libro destaca que consigue logros importantes, como la expansión de los servicios sociales o de la educación pública. En cierto modo, dio algunas muestras de lo que podría haber llegado a ser si se hubiera consolidado.

“Cada vez llegan a Barcelona más refugiados y hay una población por alimentar y esto genera una tensión profunda”

Sí, en muchos aspectos es un experimento revolucionario gestionado desde los barrios, desde los comités locales, y en muchos sentidos el factor popular es más profundo que en la revolución rusa del 1917. Por ejemplo, convirtieron villas de los ricos en escuelas públicas o en hospitales. Había muchos avances para el pueblo, el problema es que el experimento revolucionario estaba limitado por la guerra. Cada vez llegan a Barcelona más refugiados y hay una población por alimentar y esto genera una tensión profunda. Y luego, desde que los anarquistas o sus representantes entran en el gobierno de la Generalitat dan vida a un poder estatal que estaba totalmente debilitado en julio del 36. Es como si con el frentepopulismo los anarquistas hicieron el boca a boca al estado republicano y este estado lógicamente quiere ejercer su poder sobre el proceso revolucionario.

Difícilmente la CNT y el anarcosindicalismo volverán a tener este mismo poder en Barcelona, pero los 40 años que narra en el libro no quedan en nada. ¿Qué herencia del movimiento nos llega hasta hoy?

En Barcelona “hay una cultura de democracia local que se puede ver a través de esta experiencia” anarcosindicalista

Hay modos de resistir y actuar que quedan, como se pudo ver, por ejemplo, en la huelga de tranvías del 1951, durante la dictadura, o también en el 15M. Hay una cultura de democracia local que se puede ver a través de esta experiencia. Creo que Tomás Ibáñez habla del “anarquismo extramuros”, y me parece sugerente, como unas prácticas de base autónomas de democracia desde abajo que en Catalunya podemos ver también en las empresas durante el franquismo con las primeras comisiones obreras. Se trataban de escuelas de militancia con estructuras muy abiertas, nada de jerarquía. Y también con la militancia de anarcosindicalistas.

Han pasado más de 80 años desde aquellos meses revolucionarios del 1936 y más de 100 desde la huelga de la Canadiense, pero hay algunas problemáticas que se repiten hoy en día, como el precio de los alquileres -y se han vuelto a crear sindicatos de inquilinos-, o el empobrecimiento colectivo por el incremento del coste de la vida. ¿Se puedan extraer lecciones de aquella época?

No creo que exista una organización tan fuerte como la CNT, que era como un imán para tantas luchas y que tenía a tantos militantes para moverse en muchos ámbitos. Algo que veo llamativo de aquellos años 30 era la capacidad comunicativa de los militantes de la CNT. Eran mayoritariamente obreros y hablaban de una manera que era manera muy comprensible para los demás obreros, algo que no sé si se da siempre ahora. Cuando las luchas eran más masivas, como la huelga de inquilinos, era como agitar alrededor de un conflicto que unía a gente de varias perspectivas, logrando que se implicara gente en una lucha para que todos ganaron. Otra diferencia es que en los años 30 no existía una sociedad de consumo de ningún tipo, el ocio era algo muy minoritario y en parte estaba también dentro del movimiento obrero, con el excursionismo o actividades lúdicas dentro de los ateneos… ahora todo está más diluido.

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